En ataque, el Leeds fue totalmente predecible: abuso de centros sin claridad, escasa movilidad y nula sorpresa en el último tercio. Así es muy difícil romper partidos cerrados.
Daniel Farke tardó en mover el banco, y cuando lo hizo, el rival ya estaba completamente replegado, defendiendo cada balón como si fuera el último.
Las ocasiones más claras llegaron desde media distancia, con intentos de Nmecha, Ampadu y Okafor, pero el portero Caoimhin Kelleher respondió con seguridad. El recurso constante de colgar balones al área terminó siendo más desesperación que plan.
El empate deja un sabor muy amargo para el Leeds, que sigue sin encontrar soluciones ofensivas en un momento clave de la temporada. Ahora tocará mirar otros resultados y hacer cuentas.
Tras el parón internacional, el equipo deberá enfocarse en los cuartos de final de la FA Cup, además de duelos complicados en liga ante el Manchester United y Wolverhampton Wanderers.
Si no mejora arriba, la permanencia se va a complicar más de la cuenta.
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